N° 26 A propósito de El amor Lacan

Noticia editorial

Pocas veces sucede que un obra pueda convocar tanto y a tantos. El libro de Jean Allouch, El amor Lacan, producto de muchos años de trabajo, seminarios, lecturas, discusiones y reflexión tanto en Francia como en Argentina, Australia, Costa Rica, Uruguay o México, alcanzó lo que podría ser su punto de culminación con su publicación en París hacia fines de 2009 y su posterior traducción al español en abril de 2011.
Pero el libro se escribió en el ambiente que una escuela, la école lacanienne de psychanalyse, ofrece y, por lo tanto, el trabajo no se detuvo ahí. La escuela recibió este texto fundamental y reaccionó de muchas formas ante él, pero sobre todo una sustancial: con nuevas producciones.
Así, en mayo de este año en París se llevó a cabo un coloquio que, apropiadamente, se tituló “El amor Lacan”. En él participaron algunos de aquellos que se sintieron convocados desde tiempo atrás por la obra, y el resultado fue una discusión que aún se lleva a cabo. La variedad y riqueza de los acercamientos al tema fue tan diverso y tan intenso que pensamos que era importante hacerlo pasar al público: lo mismo se trató del amor místico, que del amor que da cuerpo a la transferencia, que del amor en tanto que no se obtiene.
Habiéndonos así sentido convocados por el texto de Jean Allouch y lo que ha provocado ofrecemos en este número algunos de los trabajos que se presentaron en esa ocasión, más otros que han sido producto de la reflexión a la que la lectura del libro llevó. Quizá lo más sorprendente —que el lector podrá constatar— es la diversidad de temas que la misma ha suscitado: el amor Lacan, sin duda, toca muchas fibras.
¿Cómo salir de ahí? Un texto de Sarah Kofman publicado en Francia en 1983 y traducido por primera vez al español por Graciela Leguizamón acompaña nuestro número: se trata de un perceptivo análisis del término “aporía”, el mismo que deriva del nombre, de acuerdo con Diotima, de uno de los padres de Amor, Poros.
Para ilustrar nuestra portada el maestro Guillermo Turnbull nos honra con su obra Ventrílocuo por la que, como siempre, quedamos muy agradecidos.