A partir de una enfermedad que lo puso al borde de la muerte
en 1925, D. H. Lawrence reavivó su interés
por un tema que ya estaba presente en su obra anterior:
el de la resurección de la carne. El hombre que
murió, publicado en 1929 bajo el título
de El gallo que huyó, es un relato conmovedor
que impugna a la figura del Cristo de los Evangelios y el
papel de su misón en la Tierra, y donde mejor se
aprecia la pagana religiosidad del autor.
Esta edición también incluye Resurección
y El Señor Resucitado, dos escirtos contemporáneos
que tratan el mismo asunto desde la presperctiva del ensayo
breve.
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