¿Tendrá sentido hacer otra
revista de psicoanálisis para un medio que sufre
de los demasiados libros, como dice Gabriel Zaid, y que,
para colmo, lleva por nombre una frase del habla popular
mexicana que parece despistar? ¿Para qué?
¿Por qué?
me cayó el veinte nace
del deseo de algunos de interrogar, frente a un público
crítico, las ideas que surgen de la práctica
y la reflexión psicoanalíticas. Si bien la
intención inicial fue ofrecer algunas publicaciones
periódicas que servirían para llenar diversos
vacíos editoriales en español, la discusión
y ponderación de estas ideas, así como el
hecho de que, ciertamente, hay una literatura psicoanalítica
que, con demasiada frecuencia, se queda en los cajones de
los escritorios ante la falta de un espacio para su difusión,
fueron modificando la propuesta. Así, presentamos
ante ustedes este primer ejercicio: Erotofanías.
¿Por qué titularlo con un significante que
no se encuentra en los diccionarios? Quizá, entre
otras cosas, porque pretendemos ofrecer la posibilidad de
que algo diferente permee: una lectura distinta sobre las
cuestiones que ocupan a la école lacanienne de
psychanalyse —por cuya ruta nos encaminamos—
que invite, a su vez, a la fabricación de algunas
respuestas; o de otras preguntas. Razón por la cual
invitamos a nuestros lectores a enviarnos sus reflexiones:
encontrarán un lugar de transmisión.
me cayó el veinte es nombre
que, en principio, parece no tener mucho que ver con un
proyecto de publicación psicoanalítico; y
sin embargo, el habla popular mexicana hace caso de manera
privilegiada de ese momento, en el transcurso de un análisis,
en que algo, por caer, queda colocado de manera diferente.
Si en el pasado, cuando existían los teléfonos
que funcionaban con veintes, la frase en voz activa anunciaba
la posibilidad de hablar, en voz pasiva da cuenta
del momento subjetivo (¿subjetivante tal vez?) en
el que alguien, alguno, uno, dice para sí mismo,
a veces con alegría y a veces con dolor: “me
cayó el veinte” asumiendo con ello una verdad
que, hasta antes de ese momento, se escabullía.
El Zeitgeist que nos toca vivir —que en ciertos
aspectos nos llega muy especialmente de los Estados Unidos—
se juega en un mundo cada vez más occidentalizado
que requiere una revisión extrema de sus categorías:
la elp nos llama la atención hoy sobre un campo,
el llamado gay and lesbian studies, en el que han
caído veintes respecto a cuestiones erotológicas
que competen al psicoanálisis.
El contenido del presente número se compone de tres
secciones, mismas que podrán variar en cada entrega:
un cuerpo principal con ensayos que ponen en juego algunas
ideas con respecto al amor, por eso el título eros:
eros y fanerós: hacer visible. Que cada
quien saque sus conclusiones de lo que damos a ver. Este
apartado contiene un artículo de Jean Allouch sobre
la invención del objeto a y un análisis crítico
de Juana Inés Ayala a algunas de sus posiciones sobre
la erotología analítica; un ensayo de Danielle
Arnoux que continúa su largo estudio sobre Camille
Claudel y que pronto se reunirá con otros en forma
de libro. Incluimos también un trabajo de George-Henri
Melenotte quien propone un abordaje original sobre el problema
de las drogas; la aportación de Guy Le Gaufey toca
su lectura del seminario de Jacques Lacan: La angustia.
Manuel Hernández presenta su punto de vista de los
“Tres ensayos de teoría sexual” y,
last but not least, Pala Mejía escribe un ensayo
sobre la erotología de la muerte que encuentra su
perspectiva en el México antiguo.
Una segunda sección resulta de cierta forma inaugural:
como resultado de un seminario de la elp llevado a cabo
en el transcurso de dos años en la Ciudad de México,
teniendo como eje de estudio la vida y la obra de Oscar
Wilde, algunos participantes culminaron su intervención
con la producción de sendos ensayos. Encontraremos
ahí trabajos de Rodolfo Marcos-Turnbull, Antonio
Montes de Oca, Julio Hubard y Jorge Huerta. Hemos llamado
a esta sección Dossier Wilde.
Por último, una reseña —mucho más
que ello, una lectura minuciosa— de Marcelo Pasternac
del libro de Jean Allouch: ¿Hola... Lacan? claro
que no, recientemente edita-do por Epeele, bajo cuyo
sello editorial publicamos me cayó
el veinte Además de ofrecer un número
cada seis meses, incluiremos en cada uno de ellos un suplemento
para suscriptores.
Convocar a un público cada vez más amplio
es una de las tareas que nos proponemos: como suplemento
al primer número, presentamos la traducción
y la publicación, por primera vez en español,
de un ensayo de Oscar Wilde: El retrato de Mr. W. H.,
con una curiosa historia editorial que podrá leerse
en la presentación de la edición. A cien años
de la muerte del gran poeta irlandés, es además
un sentido homenaje a un espíritu cuya posición
y vivencia de su sexualidad nos obliga a una reflexión
que, por lo menos en México, ha estado ausente.
Una última palabra sobre la ilustración de
portada: Cosas del corazón, corazón desnudo
que la razón no sabe es una pintura original
generosamente hecha ex-profeso para me
cayó el veinte por José Luis García,
pintor mixteco de Huajuapan de León, Oaxaca. Está
hecha en papel de algodón y tintes naturales: grana-cochinilla,
añil, tinta de huizache, flor de muerto y tierra
rojo indio. Los caracoles, hermafroditas, iluminan al hombre
y a la mujer. Nos dice José Luis García: "Mi
pueblo tiene una historia y tiene una geografía;
nuestras enseñanzas, normas y prácticas son
el fundamento de nuestra tradición; son el apoyo
a partir del cual yo converso con el mundo".
La moneda está en el aire; ¿caerá?