No será así; el borromeo sobre una esfera no permite situar en ningún lado al goce del Otro. Es que cuando el borromeo se coloca en ella, todos los espacios localizables son equivalentes al espacio que está en el centro del borromeo puesto en plano, en donde Lacan ubica al objeto a.
Para mostrarlo es necesario armar la esfera armillar borromea. La primera presentación del borromeo en forma de esfera armillar que hizo Lacan fue en la lección del 18 de diciembre de 1974. Aquí no hay esfera, pero un mes después, Lacan indica explícitamente la presencia de esta esfera-objeto a, como ya vimos. La tarea, entonces, es fabricar esa presentación y sus consecuencias. Partamos, pues, de la imagen del 18 de diciembre de 1974:
Para armar este objeto, hace falta una esfera (de unicel, por ejemplo) y cables de colores.
Se unen los lazos, con la condición de respetar los cruces arriba-abajo, tal como los presentó Lacan.
Para finalmente obtener el objeto en cuestión, incluyendo, claro, la esfera. A continuación se podrá observar cómo no hay diferencias en las áreas definidas por las tres consistencias.
Esta presentación permite demostrar la justeza de lo que Lacan afirma al decir que no hay goce del Otro en tanto tal, y que en vez de eso está el objeto a. ¿Pero cómo es posible hablar de un agujero si ahí hay una esfera?
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Que no sea posible escribir el goce del Otro es una constatación cargada de consecuencias. Desde su estudio sobre Schreber en los años cincuenta, Lacan señalaba que no hay nada peor que un padre que profiera la ley por encima de todo. En RSI recuerda que ya se ocupó del padre de Schreber en cierto artículo. Y dado que dice “artículo”, y no “seminario”, aquí sólo puede tratarse, o de Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis, o de la introducción que hizo a las Memorias de un neurópata.[27] Exploremos esta segunda posibilidad.
El artículo en cuestión no tiene más de cinco páginas. Sin embargo, Lacan hace en él un recorrido que abarca más de treinta años de su relación con la paranoia, pero no es eso lo que ahora nos interesa, sino qué papel juega Dios en la locura de Schreber.
El elemento que Lacan pone en el centro de la experiencia de Schreber respecto de Dios es el goce:
Cuando nosotros leamos después bajo la pluma de Schreber que es que Dios o el Otro goce de su ser pasivizado [passivé], que él mismo da soporte, en tanto que se ocupa en no dejar que flaquee en él una cogitación articulada, y que basta que él se abandone a no pensar en nada para que Dios, ese Otro hecho de un discurso infinito, se oculte.[28]
Para Schreber sí hay goce del Otro, y él es su soporte, el Otro goza de su ser pasivizado. Es exactamente en eso, por esa persecución, que Schreber delira y está en posición paranoica. Punto por punto es la operación inversa a la que hemos estudiado.
¿Dios gozaba realmente de Schreber?, ¿o gozaba Schreber al ofrecerse como dicho soporte? A menos de codelirar con Schreber, es menester admitir que quien gozaba era él mismo. Sin embargo, no hay que concluir tan rápidamente. Lacan cita este artículo a propósito del padre de Schreber, padre-educador, o mejor dicho padre-torturador de sus hijos. La educación sádica a la que Daniel Gottlob Moritz Schreber sometía a sus hijos, quedó consagrada en su Gimnasia de alcoba, ¿no sería una fuente de goce para él? Cuando Lacan forja la fórmula “goce del Otro”, lo hace con un genitivo objetivo y subjetivo abriendo el espacio para el equívoco: ¿quién goza?[29] Gozaba Schreber y gozaba el padre. Pero toda la cuestión está en hacer una diferencia crucial: el padre de Schreber no es el Otro, sino un individuo puesto en el lugar del Otro. Aunque él gozara, si es que gozaba, no se puede afirmar que gozara el Otro en tanto tal. En función de lo cual se comprende la definición de Lacan de la paranoia: “una definición más precisa de la paranoia como identificando al goce en ese lugar del Otro como tal.[30]
Durante el seminario siguiente a RSI, Le sinthome, Lacan se ocupó mucho de la distinción topológica entre un falso agujero y uno verdadero. La cuestión es de la mayor importancia, pues aquí se decide la diferencia entre lo que sucedía en 1967 con un sujeto dividido y lo que está ocurriendo en 1976:
Pero esta división del símbolo y del síntoma es, si se puede decir, reflejada en la división del sujeto. Es porque el sujeto es lo que un significante representa respecto de otro significante que nosotros requerimos por su insistencia mostrar que es en el síntoma que uno de esos dos significantes, del Simbólico, toma su soporte. En ese sentido, se puede decir que en la articulación del síntoma con el símbolo, no hay, yo diría, más que un falso agujero.[31]
La división del sujeto está dada entre el símbolo y el síntoma, pero ahí hay un falso agujero. Este espacio es exactamente el mismo que vimos que Lacan ha ubicado en 1967 con Frege y luego con el discurso del amo (del que habla ese mismo día en Le sinthome), pero ahora esa hiancia, la división, es un falso agujero.
El verdadero agujero está en J(A) cuyo soporte es el objeto a, pues ahora sabemos que se trata del mismo lugar.
¿Pero cómo puede sostener Lacan que el objeto a es el soporte del agujero como tal? Dicho de otra manera, ¿cómo puede haber un agujero ahí donde hay un objeto? En las presentaciones que hicimos se ha visto claramente a la esfer-a ocupar físicamente un lugar en el borromeo, ¿entonces cómo es posible que el objeto a sea el soporte del agujero como tal? Respuesta abrupta: por su caída.
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El borromeo de tres consistencias puede mostrar sus agujeros al caer esa esfera. Puede contenerla (¿qué ha hecho que llegue ahí?), pero puede también dejarla caer, como ocurre en un fin de análisis con el objeto a. Es lo que revela la experiencia del pase y lo que está implicado por las frases de Lacan que elegimos como epígrafe:
Que sean esos redondeles del nudo borromeo, tampoco es con todo una razón para que se regodeen [vous y prendre le pied]. No es eso lo que llamo pensar con los pies. Se trataría que dejen ahí algo muy diferente de un miembro ―hablo de los analistas― se trataría que ustedes dejen ahí ese objeto insensato que especifiqué como a. Es eso, lo que se atrapa en el atrancamiento del simbólico, del imaginario y del real como nudo. Al atraparlo es justo cuando ustedes pueden responder a lo que es vuestra función: ofrecerlo como causa de su deseo a vuestro analizante. Es eso lo que se trata de conseguir. Pero ahí ustedes meten la pata, tampoco es tan terrible. Lo importante es que los costos de eso corran por vuestra cuenta.[32]
Vimos que en efecto el borromeo atrapa al objeto a, y es necesario que el analista asuma los gastos que le permiten responder a su función, que es la de ofrecer al objeto a como causa de deseo a su analizante. Pero si ese lugar está ocupado por su propio objeto a ―por el del analista―, ¿cómo podría cumplir con su función?
Lacan había avanzado ya sobre esta cuestión en su seminario El acto psicoanalítico (precisamente ahí, claro, pues ésta es la condición de posibilidad de ese acto). Veamos este momento con cuidado. Comienza Lacan hablando de aquel, que hacia el final de su análisis, va a pasar a ocupar el lugar de analista: advertido de la suerte que ha corrido quien fue su analista, el pasante sabe adónde irá a parar llegado el momento.
Cuando se pone ahí, después de haber él mismo recorrido el camino psicoanalítico, él sabe ya adónde lo conducirá entonces como psicoanalista el camino a recorrer, al deser del sujeto supuesto saber, a no ser más que el soporte de ese objeto que se llama el objeto a minúscula.[33]
Pero a lo largo del análisis, ¿qué posición guarda? La de actuar con el lenguaje.
¿Qué es lo que nos designa este acto psicoanalítico? [...] si algo caracteriza la posición del psicoanalista, es muy precisamente que no actúa más que en el campo de intervención significante.[34]
Claro, clásicamente es así, el analista sólo opera con el significante, pero hay algo más, heterogéneo al lenguaje; el fin de análisis ha colocado al analista como sujeto dividido, incluso en su acto, y esto le hace posible cierta posición respecto del objeto a...
Pero ¿no es esa también para nosotros la oportunidad de darnos cuenta de que surge de ahí totalmente renovado el estatuto de todo acto? Pues el lugar del acto, cualquiera que sea ―y nos toca darnos cuenta muy precisamente de lo que queremos decir cuando hablamos del estatuto del acto, sin incluso poder permitirnos añadir del acto humano― es que si hay algún lugar en donde el psicoanalista no se conoce, y es también el punto donde existe, es en tanto que seguramente él es sujeto dividido, y hasta en su acto, y que el final en donde se lo espera, a saber este objeto a minúscula, en tanto que no es el suyo, sino aquel que, de él como Otro, requiere el psicoanalizante para que con él, sea de él rechazado.[35]
Hay que intentar precisar las sutilezas de la afirmación: primero, el analista es un sujeto dividido; lo es incluso en su acto y en el final al que éste conduce, que es el fin de análisis de su analizante. En ese momento no puede tratarse del objeto a del analista que ―como este trabajo intenta situar― ha aparecido como un resto y ha sido tirado, dejando un agujero en su lugar, haciendo del analista un sujeto deseante. En el final es cuestión del objeto a que el analizante requiere del analista como Otro, para que con él ―con el objeto a― el analista sea, de él, rechazado.[36]
En las antípodas de la identificación con el analista, que condena al paciente a incorporar de por vida a su psicoanalista, Lacan abre la vía para realizar la castración en otra parte y, a través de ello, el nuevo sujeto se descarga para siempre de quien fue su psicoanalista.
Este es el punto decisivo: en una operación que no puede ser voluntarista, el analista no pondrá en juego su objeto a, cuya condición escapa a cualquier control. Pero si su caída se efectuó, es decir, si es que concluyó su propio análisis en el deser, a través de soltar a su analista a la manera de quien tira un desecho, si esa pérdida de lo que nunca se tuvo se efectuó, entonces ¿qué queda para controlar?
Tirar lo que ya ha caído[37] es el gasto que el analista asume para hacer posible el análisis de alguien más. Lo que se puede constatar en la presentación que hemos realizado: el borromeo a tres está soportado por una esfera, el nudo la puede contener y retener, o tirarla sin mayor dificultad... llegado el momento.
Con esta pérdida, ¿le ha sucedido algo al estatuto del sujeto? ¿No hemos dejado atrás al sujeto dividido y nos encontramos ahora con un sujeto agujereado?
¿Se miden los alcances que tiene la topología borromea en tercera dimensión para localizar las operaciones de destitución subjetiva y del deser?
[27] Jacques Lacan, “Présentation de la traduction de paul duquenne des Mémoires d’un névropathe de D. P. Schreber”, Autres écrits, Seuil, París, 2001. Disponible en Pas-tout Lacan, www.ecole-lacanienne.net
[28]Ibid., p. 214 [Pas-tout Lacan, op. cit., p. 980.]
[29] La misma cuestión se abre en cuanto a la pèreversion. Lacan le da dos sentidos. En la relación que es la pèreversion, está la pèreversion del padre, pero también está la pèreversion del hijo.
[30] Jacques Lacan, Autres écrits, op. cit., p. 215. [Pas-tout Lacan, op. cit., p. 980.]
[31] Jacques Lacan, Le sinthome, 18 de noviembre de 1975, www.ecole-lacanienne.net.
[35]Idem.. Las itálicas son mías. La importancia de este pasaje sugiere citarlo directamente en francés: Mais n'est-ce pas là aussi pour nous occasion de nous apercevoir qu'en sort tout à fait renouvelé le statut de tout acte ? Car la place de l'acte, quelqu'il soit, et ce sera à nous de nous apercevoir, à la trace, de ce que nous voulons dire quand nous parlons du statut de l'acte, sans même pouvoir nous permettre d'y ajouter : de l'acte humain, c'est que, s'il est quelque part où le psychanalyste à la fois ne se connaît pas, et, c'est aussi le point où il existe, c'est en tant qu'assurément il est sujet divisé, et jusque dans son acte, et que la fin où il est attendu, à savoir cet objet petit a, en tant qu'il est non pas le sien, mais celui que de lui comme Autre requiert le psychanalysant, pour qu'avec lui, il soit de lui rejeté.
[36] En este momento sucede otro viraje, también expresado en la cita anterior: el Otro también es rechazado como tal. La personalización de la alteridad concluye, y aunque permanece lo Otro irreductible, la creencia en el Otro cesa sin recurso. Al poder hacer esta diferencia el castellano aventaja en precisión a la lengua francesa.
[37] Fórmula feliz de Jean Allouch que, sin embargo, implica preguntarse, ¿lo que se ha de tirar es exactamente lo mismo que lo que ha caído?
[38] No hemos dado aún cuenta de la secuencia a la que nos referimos al principio de este trabajo, es decir, los pasos presentes en RSI: 1°.- Borromeo de tres consistencias en dos dimensiones (puesto en plano), 2°.- Borromeo de cuatro consistencias (¿en dos o en tres dimensiones?), 3°.- Borromeo de tres consistencias en tres dimensiones. Lo que queda pendiente es nada menos que el paso número 2.