La ¿caída?
Manuel Hernández García[1]
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Esos términos no son tabú. Lo que sería necesario es que los pesquen. Están ahí desde mucho antes de aquella que yo implico al llamarla primera, la primera vez que hablé en Roma; los saqué, a esos tres, después de haber cogitado bastante bien, los saqué muy pronto, mucho antes de haberme metido en mi primer discurso de Roma.
Que sean esos redondeles del nudo borromeo, tampoco es con todo una razón para que se regodeen [vous y prendre le pied]. No es eso lo que llamo pensar con los pies. Se trataría que dejen ahí algo muy diferente de un miembro ―hablo de los analistas― se trataría que ustedes dejen ahí ese objeto insensato que especifiqué como a. Es eso, lo que se atrapa en el atrancamiento del simbólico, del imaginario y del real como nudo. Al atraparlo es justo cuando ustedes pueden responder a lo que es vuestra función: ofrecerlo como causa de su deseo a vuestro analizante. Es eso lo que se trata de conseguir. Pero ahí ustedes meten la pata, tampoco es tan terrible. Lo importante es que los costos de eso corran por vuestra cuenta. Jacques Lacan, La troisième
I. Del 2 al 3
La caída del objeto a, como expresión, no es tan frecuente en boca de Lacan como se podría creer, dada la importancia que la operación ha cobrado. Las pocas menciones que Lacan hizo de esta expresión no están referidas al final de análisis, sino que ponen en juego cierto estatuto del sujeto como dividido por dos significantes que producen una Spaltung cuyo resto es el objeto a. De hecho, la expresión como tal sólo aparece en tres lecciones del seminario L’objet de la psychanalyse: el 8 de diciembre de 1965, el 15 de diciembre del mismo año y el 25 de mayo de 1966.[2]
Una variante de esta operación fue escrita después con un esquema de Frege:
[…] en la manera que les he ya indicado que se instituye la primera división del sujeto, en la función repetitiva, de lo que se trata es esencialmente de esto, es que el sujeto no se instituye más que representado por un significante para otro significante (S y S1), y que entre los dos, a nivel de la repetición primitiva, es donde se opera esta pérdida, esta función del objeto perdido alrededor de la cual precisamente gira la primera tentativa operatoria del significante, aquella que se instituye en la repetición fundamental
que lo que viene aquí a ocupar el lugar que está dado en la institución del universal afirmativo, a ese factor llamado “argumento” en el enunciado de Frege, para el cual la función predicativa es siempre aceptable, y que en todo caso la función del todo encuentra su asiento, su punto de viraje original y, si puedo decir, el principio mismo donde se instituye su ilusión, en la ubicación del objeto perdido, en la función intermediaria del objeto a, entre el significante original en tanto que él es significante reprimido, y es el significante que lo representa en la substitución que instaura la repetición, ella misma primera.[3] Otra variante de la operación de caída del objeto a, será escrita más tarde por Lacan con lo que llamó “el discurso del amo”, en donde el objeto a es producido por la articulación significante que divide al sujeto.

No es lo mismo la pérdida que se opera en la repetición primitiva, por la hiancia producida entre dos significantes, que el desecho del objeto a en el fin de análisis.
Así, nos enfrentamos con la sorpresa de que Lacan no utilizó prácticamente nunca la fórmula “caída del objeto a” para el fin de análisis; en cambio, hemos estudiado ya que la expresión que usó abundantemente fue rejet (rechazo) y no chute (caída).[4]
Sin embargo, la expresión ha logrado un asentimiento amplio, ¿tal vez porque da cuenta de lo que efectivamente sucede al final del recorrido analítico? Estaríamos entonces ante una formulación del fin de análisis que se desprende de la enseñanza de Lacan sin haber sido formulada explícitamente por él. ¿Pero hasta qué punto fue así?
En lo que aquí sigue trataremos de desplegar la siguiente tesis: la borromeización del ternario RSI produjo un cambio en el estatuto del objeto a y por lo tanto del sujeto, reintroduciendo una formulación del fin de análisis que prolonga la de 1967 y que al mismo tiempo tiene una innegable novedad.
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¿Cómo no ver que el célebre título La tercera se refiere al movimiento con el que Lacan colocó el borromeo en la tercera dimensión, y no sólo a la tercera vez que él habría hablado en Roma? Esta conferencia es anterior en unas cuantas semanas al inicio del seminario RSI, y en ella se trata del lugar del analista como semblant del objeto a, pero también de algo relativo al nudo. Para introducir la cuestión, Lacan localiza de inmediato la función del psicoanalista en relación con el objeto a que, según dice al inicio de la conferencia, escinde [refend] al sujeto:
Pues no hay nada más en el mundo que un objeto a, cagada o mirada, voz o teta, que escinda al sujeto y lo caracterice [le grime] como ese desecho que él, al cuerpo, ex-siste. Para hacer de ello símil [semblant], hay que estar dotado. Es particularmente difícil, es más difícil para una mujer que para un hombre, contrariamente a lo que se dice. Que, dado el caso, la mujer sea el objeto a del hombre, no quiere decir en absoluto que ella, ella tenga un gusto por serlo. Pero en fin, ocurre. Ocurre que ella se asemeje a eso naturalmente. ¡No hay nada que se asemeje más a una cagada de mosca que Anna Freud! ¡Eso debe servirle!
Seamos serios. Regresemos a hacer lo que intento. Me es necesario sostener esta tercera por el real que ella comporta.[5] Se trata de un momento clave de su recorrido en donde intenta darle un estatuto al real y al objeto a, ¿por qué vías? “Y es únicamente por el psicoanálisis, es en eso que este objeto hace el núcleo elaborable del goce, pero no se sostiene más que por la existencia del nudo, con tres consistencias de toros, de redondeles de cuerda que lo constituyen.”[6]
Para Lacan se trata de dar cuenta de la relación entre el objeto a, el real y el nudo; y para ello aparece la tercera, ¿la tercera qué? La tercera dimensión, que es la única en la que la cadena borromea puede realmente existir. Lacan reveló claramente su intención, ese día en Roma:
Y entonces eso a lo que yo quería introducirlos hoy, y no hago a final de cuentas desde hace dos horas más que fracasar, más que reptar, es esto: es que la extensión [étendue] que nosotros suponemos que es el espacio, el espacio que nos es común, a saber las tres dimensiones, ¿por qué diablos eso no ha sido jamás abordado por la vía del nudo?[7] No por casualidad en La tercera Lacan parte de una figuración del borromeo de cuatro consistencias en tres dimensiones...

para luego tratar de localizar el goce fálico en una “puesta en plano del nudo borromeo”[8] en la “intersección”[9] entre simbólico y real, considerando a la figuración de las consistencias como si se tratara de diagramas de Venn; de ahí que hable de “intersecciones”.

Lacan ha ido de una figuración del borromeo en tres dimensiones a una figuración de su puesta en plano. Ambos son dibujos, ambas son figuras, ¿por qué decimos entonces que una corresponde a lo que sucede en tres dimensiones y la otra existe en dos dimensiones?
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[1] Se trata de la segunda parte del trabajo preparado para las Assises del pase 2005, realizadas en París en ocasión del XX aniversario de la fundación de la École lacanienne de psychanalyse. La primera parte fue presentada públicamente el 18 de noviembre de 2005 y está actualmente en prensa para ser publicada en el número 40 de la revista Litoral, Epeele, México.
[2] Se trata de la operación de corte de la Banda de Moebius de la que cae un resto. Cuando Lacan, en los años setenta, trate de fundar un “verdadero” agujero, lo hará oponiéndolo al falso agujero de la Banda de Moebius. Esto afecta el estatuto del objeto a como fabricando un verdadero agujero. Cfr. La topologie et le temps. versión Chollet, disponible en www.ecole-lacanienne.net
[3] J. Lacan, L'acte psychanalytique, 13 de marzo de 1968. Versión crítica producida por la elp disponible en www.ecole-lacanienne.net
[4]Cfr. Manuel Hernández García, “Saltar”, Litoral, número 40 , Ed. Epeele, Buenos Aires, 2007.
[5] Jacques Lacan, La troisième, disponible en Pas-tout Lacan,www.ecole-lacanienne.net, p. 1547.
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